publicación Online Marzo 11, 2011
 
 
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Edicion No. 264 , MARZO 2011
 
   

La inutilidad de Obama y Calderón

Para Estados Unidos y su cúpula gobernante, las guerras y las invasiones militares han sido el motor de su historia. Con las armas no sólo han conseguido el sometimiento de otros países y las materias primas que necesita su industria enfocada al consumismo, también han logrado la prosperidad de una de sus principales industrias: la bélica, la que produce armamento de todo tipo que venden a quien lo quiera comprar, no importa si son sus aliados o sus enemigos, no interesa si son rojos o blancos, los dólares de ambos bandos valen por igual.

Esto viene a colación por el encuentro que a principios de marzo tuvieron en Washington los Presidentes Barack Obama y Felipe Calderón. En dicha reunión se suponía que se discutirían las estrategias para frenar el enorme flujo de armas que se trafica ilegalmente a México, y que según se afirma van a parar a manos de la delincuencia organizada.

Sin embargo, otros piensan que Obama mandó llamar a Calderón para darle órdenes, para decirle cómo debe manejar su guerra con los cárteles de la droga, guerra que fue ordenada a la medida desde los Estados Unidos no sólo para enfrentar y debilitar a los narcotraficantes mexicanos, sino para venderle a uno y otro bando el armamento excedente a precio de demanda.

Por alguna razón desconocida, los capos norteamericanos (que son los que mandan en Estados Unidos) quieren debilitar a los proveedores de drogas mexicanos, (para ajustar precios, para quedarse con el negocio de la producción, para poner condiciones, etc.), porque lo cierto es que ninguno de los dos Presidente tiene la intención de combatir el tráfico de drogas. Uno porque su país tiene a millones de drogadictos que demandan estupefacientes, (EUA consume el 75 por ciento de todas las drogas que se producen en el mundo); y el otro porque el narcotráfico es un negocio muy grande que según los especialistas inyecta a la economía nacional alrededor de 40 mil millones de dólares, es decir más de lo que aportan las remesas de los migrantes y el turismo juntos.

Finalmente el encuentro de los dos Presidentes de países vecinos, el imperialista y el mexicano, frustró las expectativas de los pacifistas, de los que quieren que se termine la violencia, porque Obama señaló que nadie, menos él, podía frenar el comercio de armas, pues es una de las actividades más rentables del imperio, por lo tanto no habría corresponsabilidad de los Estados Unidos con la guerra que ordenó al Presidente mexicano.

Pero para desviar la atención, el negrito Obama siguió insistiendo en la demanda que hizo el Presidente Bill Clinton, de que sus agentes policiales e investigadores en territorio mexicano anduvieran armados. Sin embargo, Calderón en una defensa de la mítica soberanía nacional se negó a tal petición, de la misma manera que lo hicieron sus patriotas homólogos.

En la reunión cupular nada quedó resuelto. Por tal motivo el tráfico de armas seguirá fluyendo a México sin recato alguno, y en consecuencia los migrantes latinoamericanos seguirán cruzando por millones la frontera estadounidense en busca del “sueño americano”, y la droga continuará llegando a los consumidores gringos sin dilación ni escasez...

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